Cachorro cuico.
Martes 14 USACH 9:30 hrs. Mechoneo Ingeniería en Alimentos.
No pasaron ni diez minutos de colado en la sala, cuando se me acercó el Norton. Lo primero que me preguntó fue si yo era alumno nuevo. Lo segundo, si sabía que día era hoy.
- Llegaste en mala hora, cabro. Hoy es el mechoneo. Me lo sopló un amigo allá afuera. ¿Viste como quedaron los de informática? Yo que tú me arranco.
El Norton era de esos raperos tirados a choro, con el pelo desordenado con gel y polerones de mall. Era su segunda semana como técnico en alimentos en la USACH. La primera se la había capeado entera para perderse el mechoneo. Como buen novato loser, había olvidado la primera lección de todas: nunca mechonean la primera semana.
- Tranquilo – le dije - . Si nos fugamos, después va a ser peor.
El miedo de un mechón es algo que nunca había experimentado. Hace tres años entré a una de las privadas más cuicas. Y, obvio, mi mechoneo fue súper fome. Me echaron mostaza, un poco de harina y tuve que bailar tecno en el escenario. Como el objetivo de los organizadores no era destrozar ropas sino engrupirse minas, a las cachorras más lindas ni siquiera las tocaron. Y todo terminó al día siguiente, con un asado de vidrio en el Intercomunal donde todos se hicieron amigos. Un bodrio.
La USACH es la perfecta antítesis a mi facultad. Es una pequeña ciudad llena de laberintos que dan a galpones viejos y rayados. Por los pasillos caminan góticos morenos, chicas Blondie, raperos con sus skates y muchos militantes con la polera del Ché Guevara. Doblando por Ecuador a la derecha, queda mi nueva carrera: Técnico en Alimentos. Hoy, toca psicología a la primera hora. En la sala somos apenas tres hombres.
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